Las heridas forman parte del día a día en cualquier clínica veterinaria. Mordeduras, abscesos, heridas contaminadas o lesiones traumáticas son consultas habituales que, aunque a menudo se consideran “rutinarias”, pueden convertirse fácilmente en un problema si no se abordan correctamente desde el primer momento.
El abordaje inicial de la herida y la correcta aplicación de la cura básica en este tipo de lesiones, son determinantes para reducir el riesgo de infección y favorecer una evolución clínica adecuada del paciente.
¿Por qué es tan importante la cura básica de una herida no complicada?
La piel es la principal barrera de defensa frente al entorno. Cuando se produce una herida, esa barrera se rompe y el riesgo de contaminación bacteriana aumenta de forma inmediata.
Un manejo inadecuado en las primeras fases puede provocar:
- Retrasos en la cicatrización
- Infecciones locales o sistémicas
- Necesidad de tratamientos más agresivos
- Mayor tiempo de hospitalización
Por el contrario, una cura básica bien protocolizada permite controlar la carga bacteriana, proteger el tejido viable y crear un entorno favorable para la cicatrización desde el inicio.
Claves del abordaje inicial de heridas en la clínica veterinaria
1. Valoración correcta del paciente y de la herida
Antes de iniciar cualquier cura es fundamental evaluar:
- Estado general del paciente
- Tiempo de evolución de la herida
- Grado de contaminación
- Tipo de tejido afectado
- Presencia de exudado, sangrado o necrosis
Esta valoración inicial condicionará todas las decisiones posteriores.
2. Limpieza eficaz y control de la contaminación
La limpieza es uno de los pasos más importantes de la cura básica. El objetivo no es solo eliminar suciedad visible, sino reducir la carga microbiana y proteger el lecho de la herida.
La elección de soluciones adecuadas y el uso de material apropiado ayudan a minimizar el daño tisular y a prevenir infecciones.
3. Decidir cuándo cerrar… y cuándo no
No todas las heridas deben cerrarse de forma inmediata. En función del tipo de herida y su grado de contaminación, el cierre puede ser:
- Primario, es decir inmediato.
- Primario diferido, se hacen curas de la herida y se cierra al cabo de 3 -5 días
- O cicatrización por segunda intención, sin cierre de la herida.
Forzar un cierre inapropiado aumenta significativamente el riesgo de infección y dehiscencia.
4. Cura húmeda y manejo del exudado
Mantener un entorno húmedo controlado favorece los procesos naturales de cicatrización. Un manejo adecuado del exudado permite:
- Proteger el tejido de granulación
- Reducir el dolor
- Optimizar la evolución de la herida
Cada herida necesita un abordaje específico según su fase y características.
5. El vendaje como parte activa del tratamiento
El vendaje no es un simple complemento, sino una herramienta terapéutica clave para:
- Proteger la herida
- Reducir edema
- Mantener el apósito en posición
- Favorecer la inmovilización cuando es necesaria
La correcta elección de gasas, apósitos y sistemas de fijación es fundamental para evitar complicaciones.
Protocolizar la cura básica mejora los resultados clínicos
Disponer de protocolos claros de abordaje inicial de heridas aporta beneficios a toda la clínica:
- Mejores decisiones clínicas
- Mayor seguridad para el paciente
- Reducción de infecciones
- Mayor eficiencia del equipo veterinario y ATV
La formación continua es clave para mantener estos protocolos actualizados y aplicarlos correctamente en el día a día.
Conclusión
Las complicaciones no aparecen al final del proceso, sino en los primeros pasos. Una cura básica correcta desde el inicio marca la diferencia en la evolución del paciente, en la prevención de infecciones y en la calidad asistencial de la clínica.

